Me compré esta
BASURA, porque me prometieron que jugaríamos en cooperativo a cuatro personas. Esto es lo que promete la gente, pero luego acabáis siendo los dos pringados de siempre:
Chato dijo que el primero molaba pero lo vimos tres tardes contadas por sus problemas para jugar a PS3.
Anti iba quejándose desde el principio casi tanto como yo y lo vimos tres veces más. Al final, solo llegamos a jugarlo realmente
Suditeh y yo (hemos sincronizado la entrada de odio a Borderlands y la suya la podéis leer por
AQUÍ), y el dolor, amigos, el dolor y el sufrimiento, es algo que nadie podrá compensarnos nunca. Acuñando términos como
"¡Borderlands!" o
"¿Borderlands?" cada vez que salía un bug, fueron pasando las horas. Y antes de que alguien diga que no conozco lo suficiente el juego como para quejarme de él, quiero decir que
le he dedicado casi 50h. Sí, casi 50h que podría haber dedicado a actividades mucho más interesantes como jugar a Resonance of Fate, terminarme el Xenogears, aprender Urdú, hacer deporte, jugar al parchís, admirar el techo de mi cuarto, o incluso ver crecer la hierba. Y sin embargo, elegí jugar a Borderlands 2. Elegí el camino del masoquismo, elegí el dolor, porque me daba tanta rabia haber pagado por él que le di mil oportunidades; muchas más de las que merecía. Intenté que me gustara Borderlands, de verdad que lo intenté, porque tenía cosas buenas. Pero no funcionó, y Borderlands se esforzó mucho para que lo odiase.